Hoy se cumplen 127 años de la explosión del barco de vapor Cabo Machichaco. Sí, porque no fueron una sino dos las explosiones, el 3 de noviembre de 1893 y el 21 de marzo de 1894.

Estas dos tragedias se llevaron consigo a más de 600 muertos y dejó más de 2000 personas heridas.

La primera explosión comenzó con un incendio a las dos de la tarde en la cubierta del vapor Cabo Machichaco. El barco guardaba 12 toneladas de ácido sulfúrico en toneles de vidrio y 1720 cajas de dinamita. No se dio parte de la existencia de esta mercancía cuando en esos tiempos era obligatorio hacerlo, ya que existía un reglamento que obligaba a cualquier barco que transportara material explosivo a declararlo ante las autoridades.

La función del barco de vapor Cabo Machichaco era llevar la mercancía desde Bilbao a Sevilla haciendo escala en el Puerto de Santander.

El incendio, que comenzó en la cubierta, no tardó en extenderse a la proa y los esfuerzos por apagarlo eran inútiles, debido a que el número de bomberos locales no era numeroso y el barco no disponía de casi medios para sofocarlo.

La noticia corrió como la pólvora y cientos de personas se acercaron al lugar donde sucedió el hecho, el muelle número 1 de Maliaño.

A las cuatro de la tarde, las llamas del incendio seguían vivas y aunque ya se tenía conocimiento del contenido que transportaba el barco, la zona seguía abarrotada de gente.

Más tarde, explotaron dos bodegas situadas en la parte delantera. Ello provocó el derrumbe de los edificios que se encontraban en los alrededores, la rotura de los cristales de la ciudad y una onda expansiva que se extendió por toda la bahía y arrastró cadáveres y supervivientes hacia la orilla.

A lo largo de los meses siguientes se llevó a cabo una extracción de la parte que no había explosionado. Días antes de completar este duro trabajo, el 21 de marzo de 1984, el barco de vapor Cabo Machichaco volvió a explotar llevándose consigo otras 15 muertes de los operarios que estaban realizando esa labor.

La tragedia volvió a marcar a la pequeña ciudad santanderina y a la España contemporánea de aquella época. El suceso ha quedado grabado en el recuerdo de los ciudadanos y en varias obras literarias como, por ejemplo, el relato Pachín González (1896) escrito por José María Pereda.

El acontecimiento también quedó plasmado en varias obras de creación, un monumento en frente de la estación de ferry y un panteón en el cementerio de Ciriego. Fue la época más oscura de la ciudad a causa del incendio de 1941, la Guerra Civil y las dos explosiones del famoso barco de vapor, pero la pequeña ciudad no se hundió, sino todo lo contrario, logró resurgir de esas catástrofes que tanto daño la hicieron y convertirse en lo que hoy en día es, Santander, la novia del mar